jueves, 15 de junio de 2017

BLOQUE 2: EDUCACIÓN LÍQUIDA Y SÓLIDA. DAVID PERKINS (1/2)

EDUCACIÓN LÍQUIDA Y SÓLIDA: MODERNIDAD SÓLIDA.
La diferencia entre ambas, se remite a evidenciar la estabilidad y certidumbre con que contaban las etapas de la vida, en donde sus particularidades estaban definidas por el poder totalitario, la constante preocupación por el orden establecido, la división de trabajo y los valores inamovibles.
Las anteriores correspondieron a la modernidad sólida, otras son las particularidades que definen a la modernidad líquida (modernidad actual); algunas de ellas son los nuevos poderes globales, la privatización, el núcleo de poder económico, los vínculos delebles, el trabajo inestable y el individualismo.
Para la mayoría, no resultaba complicado pre-diseñar desde temprana edad el estilo de vida que querían en su futuro, puesto que la solidez de la modernidad en que vivían les permitía emplear el modelo laboral que seguían sus padres o familiares cercanos, por ejemplo. En aquellos tiempos, la modalidad laboral en las empresas (fueran gubernamentales o del sector privado) eran benévolas con los hijos de los empleados ya establecidos; por tanto, culminaban sus estudios académicos e ingresaban por derecho a ocupar el puesto que dejaban sus padres siguiendo esa línea laboral con escasas probabilidades de ascenso y con una durabilidad de 25 a 30 años aproximadamente. En este sentido, ellos sabían el cargo u oficio que tendrían durante las próximas décadas de su vida.
La vida del empleado en la modernidad sólida entonces, era bastante rígida, la monotonía en sus quehaceres cotidianos lo transmitían a sus descendientes, dejándoles como patrimonio además del mismo empleo, el mismo hogar, creencias, tradiciones, ideologías, objetivos y un sinfín de aspectos que conjuntamente formaban un patrón y una estructura definida de vida a largo plazo.
La solidez de aquella modernidad no sólo se remitía a afianzar el aspecto laboral, sino también lo hacía con las formas del consumismo, cuando la sociedad tenía la necesidad de adquirir algún producto para el hogar, por ejemplo: un refrigerador, una televisión, una computadora o un teléfono; lo hacían netamente para cubrir una función “indispensable”, consientes que el producto tendría una durabilidad considerable y que sólo lo reemplazarían en el caso de su descomposición, por esa razón, los productos eran diseñados y fabricados enfáticamente para un funcionamiento duradero.
Los vínculos amistosos y afectivos por su parte, eran en menor cantidad, pero más estables, la interacción entre los niños del ayer se forjaba a base de vivencias y emociones compartidas. Por lo regular, la amistad que se consolidaba en esta etapa de la infancia con compañeros de la escuela y vecinos, se afianzaba tanto, que perduraba para toda la vida; de surgir alguna discusión que generara un distanciamiento entre ellos, se podía resentir de gran manera por la solidez de aquellos lazos afectivos.
Bauman afirma que la transición de la modernidad sólida hasta nuestro días ha evolucionado y se ha debilitado, la sociedad vive ahora sin moldes, es decir, vivimos adaptándonos constantemente a las necesidades que nuestra modernidad nos impone, sin planes establecidos, como si fuésemos partículas de una corriente de agua que avanza sin rumbo definido, donde la única certidumbre que tenemos, es la incertidumbre. Somos parte de lo que él denomina como “modernidad líquida”.
Educación líquida
Una pequeña introducción sobre la diferencia entre líquidos y sólidos de Zygmunt Bauman, del que hablaremos más tarde:  “Los líquidos, a diferencia de los sólidos, no conservan fácilmente su forma. Los fluidos, por así decirlo, no se fijan al espacio ni se atan al tiempo. En tanto los sólidos tienen una clara dimensión espacial, pero neutralizan el impacto —y disminuyen la significación— del tiempo (resisten efectivamente su flujo o lo vuelven irrelevante), los fluidos no conservan una forma durante mucho tiempo y están constantemente dispuestos (y proclives) a cambiarla; por consiguiente, para ellos lo que cuenta es el flujo del tiempo más que el espacio que pueden ocupar… En cierto sentido, los sólidos cancelan el tiempo; para los líquidos, por el contrario, lo que importa es el tiempo… Estas razones justifican que consideremos que la “fluidez” o la “liquidez” son metáforas adecuadas para aprehender la naturaleza de la fase actual —en muchos sentidos nueva— de la historia de la modernidad”

Zigmunt Bauman, sociólogo y filósofo polaco, es el acuñador del término vida líquida y, de allí, la educación líquida. La vida líquida es la que cambia constantemente; evoluciona, se interrelaciona y fluye. Para él, la educación líquida es así:
“Se ve a la educación más como un producto que como un proceso. Así la educación parece abandonar la noción de conocimiento útil para toda la vida para sustituirla por la noción de conocimiento de usar y tirar. Esa concepción es uno de los retos a vencer. La educación debería ser una acción continua de la vida y no dedicarse únicamente al fomento de las habilidades técnicas. Lo importante es formar ciudadanos que recuperen el espacio público de diálogo y sus derechos democráticos, para así ser capaces de controlar el futuro de su entorno y el suyo propio. Cuando el mundo se encuentra en constante cambio, la educación debería ser lo bastante rápida para agregarse a éste. Estamos ante la educación líquida”

Bauman plantea 3 retos en su “Los retos de la educación en la modernidad líquida” (2008):


  • Tratar con la ingente cantidad de información: internet ha sido la gran herramienta para dejar de lado la memorización o reformulación de la información.
  • Convivir con la tiranía del momento: adaptación a la velocidad de cambio de las cosas, olvidarse de tener un “proyecto de vida”. El mundo líquido exigen una renovación constante del conocimiento y de la formación.
  • Armonizar la relación maestro-alumno: actualmente un maestro tiene que competir con los medios sociales y la información que estos suministran. Esto ha hecho que la relación de forja de carácter y actitud basada en el respeto y confianza al discípulo haya desaparecido.

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