EDUCACIÓN LÍQUIDA Y SÓLIDA: MODERNIDAD SÓLIDA.
La diferencia entre ambas, se remite a evidenciar la
estabilidad y certidumbre con que contaban las etapas de la vida, en donde sus
particularidades estaban definidas por el poder totalitario, la constante
preocupación por el orden establecido, la división de trabajo y los valores
inamovibles.
Las anteriores
correspondieron a la modernidad sólida, otras son las particularidades que
definen a la modernidad líquida (modernidad actual); algunas de ellas son los
nuevos poderes globales, la privatización, el núcleo de poder económico, los
vínculos delebles, el trabajo inestable y el individualismo.
Para la mayoría, no
resultaba complicado pre-diseñar desde temprana edad el estilo de vida que
querían en su futuro, puesto que la solidez de la modernidad en que vivían les
permitía emplear el modelo laboral que seguían sus padres o familiares
cercanos, por ejemplo. En aquellos tiempos, la modalidad laboral en las
empresas (fueran gubernamentales o del sector privado) eran benévolas con los
hijos de los empleados ya establecidos; por tanto, culminaban sus estudios
académicos e ingresaban por derecho a ocupar el puesto que dejaban sus padres
siguiendo esa línea laboral con escasas probabilidades de ascenso y con una
durabilidad de 25 a 30 años aproximadamente. En este sentido, ellos sabían el
cargo u oficio que tendrían durante las próximas décadas de su vida.
La vida del empleado en la
modernidad sólida entonces, era bastante rígida, la monotonía en sus quehaceres
cotidianos lo transmitían a sus descendientes, dejándoles como patrimonio
además del mismo empleo, el mismo hogar, creencias, tradiciones, ideologías,
objetivos y un sinfín de aspectos que conjuntamente formaban un patrón y una
estructura definida de vida a largo plazo.
La solidez de aquella
modernidad no sólo se remitía a afianzar el aspecto laboral, sino también lo
hacía con las formas del consumismo, cuando la sociedad tenía la necesidad de
adquirir algún producto para el hogar, por ejemplo: un refrigerador, una
televisión, una computadora o un teléfono; lo hacían netamente para cubrir una
función “indispensable”, consientes que el producto tendría una durabilidad
considerable y que sólo lo reemplazarían en el caso de su descomposición, por
esa razón, los productos eran diseñados y fabricados enfáticamente para un
funcionamiento duradero.
Los vínculos amistosos y
afectivos por su parte, eran en menor cantidad, pero más estables, la
interacción entre los niños del ayer se forjaba a base de vivencias y emociones
compartidas. Por lo regular, la amistad que se consolidaba en esta etapa de la infancia
con compañeros de la escuela y vecinos, se afianzaba tanto, que perduraba para
toda la vida; de surgir alguna discusión que generara un distanciamiento entre
ellos, se podía resentir de gran manera por la solidez de aquellos lazos
afectivos.
Bauman afirma que la transición de la modernidad sólida hasta
nuestro días ha evolucionado y se ha debilitado, la sociedad vive ahora sin
moldes, es decir, vivimos adaptándonos constantemente a las necesidades que
nuestra modernidad nos impone, sin planes establecidos, como si fuésemos
partículas de una corriente de agua que avanza sin rumbo definido, donde la
única certidumbre que tenemos, es la incertidumbre. Somos parte de lo que él
denomina como “modernidad líquida”.
Educación líquida
Una pequeña introducción
sobre la diferencia entre líquidos y sólidos de Zygmunt Bauman, del que
hablaremos más tarde: “Los líquidos, a
diferencia de los sólidos, no conservan fácilmente su forma. Los fluidos, por
así decirlo, no se fijan al espacio ni se atan al tiempo. En tanto los sólidos
tienen una clara dimensión espacial, pero neutralizan el impacto —y disminuyen
la significación— del tiempo (resisten efectivamente su flujo o lo vuelven
irrelevante), los fluidos no conservan una forma durante mucho tiempo y están
constantemente dispuestos (y proclives) a cambiarla; por consiguiente, para
ellos lo que cuenta es el flujo del tiempo más que el espacio que pueden
ocupar… En cierto sentido, los sólidos cancelan el tiempo; para los líquidos,
por el contrario, lo que importa es el tiempo… Estas razones justifican que
consideremos que la “fluidez” o la “liquidez” son metáforas adecuadas para
aprehender la naturaleza de la fase actual —en muchos sentidos nueva— de la
historia de la modernidad”
Zigmunt Bauman, sociólogo
y filósofo polaco, es el acuñador del término vida líquida y, de allí, la
educación líquida. La vida líquida es la que cambia constantemente; evoluciona,
se interrelaciona y fluye. Para él, la educación líquida es así:
“Se ve a la educación más
como un producto que como un proceso. Así la educación parece abandonar la
noción de conocimiento útil para toda la vida para sustituirla por la noción de
conocimiento de usar y tirar. Esa concepción es uno de los retos a vencer. La
educación debería ser una acción continua de la vida y no dedicarse únicamente
al fomento de las habilidades técnicas. Lo importante es formar ciudadanos que
recuperen el espacio público de diálogo y sus derechos democráticos, para así
ser capaces de controlar el futuro de su entorno y el suyo propio. Cuando el
mundo se encuentra en constante cambio, la educación debería ser lo bastante
rápida para agregarse a éste. Estamos ante la educación líquida”
Bauman plantea 3 retos en
su “Los retos de la
educación en la modernidad líquida” (2008):
- Tratar
con la ingente cantidad de información: internet ha sido la gran herramienta
para dejar de lado la memorización o reformulación de la información.
- Convivir
con la tiranía del momento: adaptación a la velocidad de cambio de las cosas,
olvidarse de tener un “proyecto de vida”. El mundo líquido exigen una
renovación constante del conocimiento y de la formación.
- Armonizar
la relación maestro-alumno: actualmente un maestro tiene que competir con los
medios sociales y la información que estos suministran. Esto ha hecho que la
relación de forja de carácter y actitud basada en el respeto y confianza al
discípulo haya desaparecido.